Todo empieza en nada. Llevas toda tu vida esperando algo, esperando ese “bum” que haga que las cosas cambien. Vives tu vida, dejando que pase, que fluya, y piensas: “A lo mejor mañana será un gran día”. Te despiertas, ilusionado, preguntándote qué te tendrá preparado el destino. Bajas al bar de abajo (el de siempre), hoy el camarero está más antipático que de costumbre. Le miras y sonríes, esperando como respuesta algún gesto amable. Nada. Vaya manera de empezar un “gran día”… Trabajo, una hora para comer, trabajo, cinco minutos para un cigarrillo, trabajo, casa… Las ocho de la tarde. Enciendes el televisor mientras cenas. Te sientas en el sofá. Apagas el televisor y te quedas mirando la pared del comedor, pensando: “Tendría que pintarla de un color más alegre, el blanco es deprimente”. Como si cambiar el color del comedor te hiciera estar menos depresivo… No te queda nada mejor que hacer. Te acuestas. Piensas en el camarero. Luego en tu jefe. En la secretaria con voz de pito que te saluda todas las mañanas. En… ti.Te levantas, vas a un bar distinto, a uno al que no habías entrado nunca, el camarero te saluda, te sonríe, el café con leche está realmente bueno. Te diriges al trabajo, entras rápido para que a la secretaria no le dé tiempo de verte, y así ahorrarte oír su vocecilla en tu cabeza durante todo el día. Vas al despacho de tu jefe y le presentas tu dimisión. Sales de allí, a la vez que te desatas la corbata, y sientes que respiras, por fin. Te cruzas con una chica, preciosa, le sonríes, te sonríe. Te miras en un escaparate, y te sientes realmente atractivo. Caminas, sin rumbo, sintiéndote libre, pensando en un proyecto de futuro, crear tu propio negocio, ser tu propio jefe. Por fin ha llegado ese día, el día en que todo ha cambiado. El gran día. El principio de todo. Y te das cuenta de que no puedes pretender que el rumbo de tu vida cambie por sí solo, hay que tomar cartas en el asunto. Y por fin lo has hecho, te has enfrentado a ello y has salido victorioso.
Te despiertas.
El sueño queda en eso, en un sueño. Bar de abajo, trabajo, casa…
Todos soñamos con vivir otra vida, ¿cuántos tenemos el suficiente valor para intentar cambiar las cosas? Es cierto que un poco de suerte siempre ayuda, pero recordad, que la suerte sólo favorece a los valientes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario