Siempre tendemos a magnificarlo todo. Como si las cosas no fuesen suficientemente complicadas de por si… Pues no, nosotros siempre tenemos que engrandarlo todo muchísimo más, ya sabéis, para darle emoción a la vida, y esas cosas. Nos gusta torturarnos, nos encanta experimentar como la angustia, la frustración y el sufrimiento se clavan en nuestro pecho, dejándonos un nudo en el estómago que impide que engullamos cualquier tipo de alimento.
Experimentamos el dolor, lo sentimos, y nos regodeamos de ello. Nos compadecemos de nosotros mismos. “Pobre de mí, ¿Qué habré hecho yo para merecer esto?” Pues algo seguro que has hecho. O no. A veces las desgracias vienen solas. Sin comerlo ni beberlo. Te introduces en una espiral de mala suerte, y lo único que haces es esperar a ver ese rayito de luz al final del túnel, o del pozo (depende de la dimensión del “problema”). Y pongo problema entre comillas porque muchas veces vemos problemas donde no los hay. Si utilizamos un poco el sentido común y aprendemos a ver las cosas con un poco de perspectiva quizás el 60% de problemas dejen de serlo. Sí, es muy fácil decirlo, pero solo por el hecho de que sea difícil aplicarlo, no significa que no debamos intentarlo.
Nos subestimamos. Llega un punto en que parece que todo el mundo confía en ti, menos tú. Pero gracias a Dios, ahí está el tiempo, nuestro salvador. A medida que van pasando los días, parece que la dimensión del problema disminuye y pensamos: “Ah, pues no era para tanto”. Claro que no era para tanto. Y nuestra autoestima sube un peldaño. Volvemos a ser un poco más nosotros mismos y nos desentendemos del sufrimiento pasado.Esto estaría muy bien si la próxima vez que nos encontráramos en una situación similar supiéramos cómo reaccionar (de los errores se aprende). Pero no es el caso. Volveremos a decaer una y otra vez, condenados a hundirnos en la tristeza cada X tiempo.
Pero no pasa nada, no es culpa nuestra. Así parece que culpando a un factor externo nos sentimos mejor. Pero lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos. A veces sí es culpa nuestra, y no nos queda otra que reconocerlo, machacarnos y vivir con ello, pensando que si hubieses echo las cosas de otra forma, ahora mismo no estarías así de hundido. Ya sabéis, dicen, que el primer paso es reconocer las cosas. Como si fuese tan fácil…
Bueno, nadie dijo que fuera fácil.
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